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Desarrollo de las competencias del/de la entrenador/a excelente: un proceso de acompañamiento y transformación
- 31 de julio de 2025
- Publicado por: Enrique
- Categoría: Noticias
En el marco del IV Congreso Internacional sobre Fútbol, Innovación y Psicología celebrado en julio del presente año en la ciudad de Santiago de Compostela (España), el equipo de investigación SportLab presentó algunos aspectos relevantes de su modelo de trabajo. En el caso de Julia Montero, la intervención giró en torno al desarrollo de las competencias clave para convertirse en un/a entrenador/a excelente. Esta intervención no se basó en una exposición de conceptos, sino que fue una invitación a detenerse y a pensar en profundidad sobre el papel de los/as entrenadores/as en los sistemas deportivos, es decir, en los equipos. Y en cómo su propio desarrollo influye en el desarrollo, crecimiento y rendimiento del equipo.
Cuando hablamos de entrenador/a “excelente”, lo primero que podemos pensar es que este adjetivo hace referencia al alto rendimiento, a aquellos/as entrenadores/as que consiguen grandes logros o que acumulan títulos y éxitos. Sin embargo, es necesario que cuestionemos esta idea. Bajo nuestro prisma, un/a entrenador/a excelente no es solo quien gana o quien más sabe de técnica o táctica; la excelencia se define por la capacidad de adaptarse, aprender, reflexionar, crecer y conectar con los jugadores y las jugadoras, ya que es de esta manera como se consigue el máximo rendimiento de las personas que forman el equipo. Lo que sucede es que estas competencias no se alcanzan realizando un curso, sino que requieren de un proceso. Y, como todo proceso, necesitan tiempo, acompañamiento y un contexto que las haga posibles y que tenga la paciencia y la inquietud de ver más allá de los resultados.
Este proceso de evolución del/de la entrenador/a no consiste en un proceso lineal, en el que se vayan subiendo escaleras. Se trata de un proceso dinámico y distinto en cada caso. No obstante, nos encontramos con que la mayoría de entrenadores y entrenadoras pasan por unas fases o momentos evolutivos similares.
Las fases de desarrollo del/de la entrenador/a
Aunque el desarrollo del/de la entrenador/a no responde a una estructura lineal, en nuestra experiencia identificamos tres grandes fases por las que muchos/as profesionales transitan en su evolución. Cada una de estas fases o etapas implica retos específicos, y es precisamente ahí donde el papel del/de la psicólogo/a del deporte es clave como figura de acompañamiento.
En los inicios, muchos/as entrenadores/as concentran su energía en la planificación de tareas. Organizar la sesión, diseñar tareas que respondan a objetivos técnicos o tácticos, controlar los tiempos, corregir los errores, etc. Durante esta fase, lo importante es que el entrenamiento “salga bien”, que todo esté bajo control. Estos aspectos son los que el/la entrenador/a siente que domina, así que ocuparse de ellos le da seguridad y confianza. ¿Qué suele ocurrir cuando van avanzando en esta fase? Se dan cuenta de que hay muchas cosas que no controlan, se frustran cuando aparecen imprevistos y sienten que no están conectando con los/as jugadores/as del equipo. En estos momentos, nuestro papel debe ser el de ayudarles a ampliar la mirada. Sembrar dudas o generar preguntas facilitará que reflexionen sobre cuánto conocen a sus jugadores/as y qué pueden hacer para que su influencia en el equipo sea mayor.
Poco a poco van entrando en la que identificamos como la segunda fase. Su mirada cambia de foco y empiezan a centrarse en los/as jugadores/as o el equipo. Se interesan no solo por lo que los/as jugadores/as hacen en las tareas de entrenamiento, sino por cómo se sienten, qué piensan y qué necesitan. Su interés se desplaza a la parte más relacional: crear conexiones con los/as jugadores/as, conseguir un equipo cohesionado, trabajar su forma de liderar y de comunicar.
El/la entrenador/a entiende que no basta con hacer una buena planificación si no se consigue que el equipo esté motivado y comprometido. En estos momentos, el rol del/de la psicólogo/a es el de facilitar la toma de conciencia sobre cómo se encuentra el/la entrenador/a a nivel emocional; conocer cómo eso le influye a la hora de relacionarse con los/as jugadores/as favorecerá la apertura emocional y la creación de vínculos más seguros.
En una tercera fase o etapa, el/la entrenador/a empieza a mirarse a sí mismo/a; toma conciencia de que no se puede acompañar a otras personas –en este caso los/as jugadores/as–, que no se puede llegar del todo e influir en otros/as si no te conoces bien a ti mismo/a y comprendes de qué manera condicionas los procesos de entrenamiento y las relaciones que se producen en el equipo. Nuestra labor en este punto es ayudar a los/as entrenadores/as a tomar conciencia de cuál ha sido su historia de vida, es decir, facilitar el autoconocimiento y la exploración de cuáles son sus creencias limitantes, sus vulnerabilidades, etc.
A lo largo de este camino de maduración, el rol del/de la psicólogo/a debe ser el de acompañar y facilitar la evolución del/de la entrenador/a. Esto implica respetar sus tiempos y sus necesidades, sin forzar su avance; el reto está en generar la duda, la necesidad de mirar más allá y, por supuesto, de mirarse a sí mismo/a. Cada momento es importante y el/la entrenador/a debe ir tomando conciencia e ir aprovechando las oportunidades de crecimiento y aprendizaje.
Por tanto, lo que puede marcar la diferencia es contar con un acompañamiento que no imponga, sino que favorezca la toma de conciencia, la apertura y el crecimiento. Porque, cuando un/a entrenador/a cambia su forma de mirar –a sí mismo/a, a los/as demás y al grupo– no solo mejora su trabajo: transforma también el entorno deportivo que le rodea. Y esta es, quizá, una de las formas más efectivas de generar impacto duradero en los/as jugadores/as.