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¿Qué ocurre cuando un/a deportista deja de disfrutar de lo que hace?
- 3 de agosto de 2026
- Publicado por: Enrique
- Categoría: Noticias
Hay una pregunta que pocas veces nos hacemos, pero que quizá deberíamos plantearnos más a menudo: ¿qué ocurre cuando un/a deportista deja de disfrutar haciendo aquello que más le gustaba?
No es algo que suceda de un día para otro. Normalmente, nadie se levanta una mañana pensando: “Hoy he dejado de disfrutar de mi deporte.” Es un proceso lento, casi imperceptible. Un entrenamiento deja de ilusionar tanto como antes; la competición empieza a generar más preocupación o estrés que entusiasmo; las victorias alivian, pero ya no emocionan; las derrotas pesan demasiado. Poco a poco, aquello que un día fue un espacio de libertad y disfrute, se convierte en una obligación. Y, sin apenas darse cuenta, el/la deportista empieza a entrenar más por compromiso que por pasión.
Cuando el resultado en el deporte ocupa todo el espacio
A medida que un/a deportista progresa, es normal que aumente la exigencia. Aparecen objetivos más ambiciosos, mayor nivel competitivo, más horas de entrenamiento y más responsabilidades. El problema en muchos casos no es la exigencia, sino que aparece cuando el resultado empieza a ocupar todo el espacio.
Cuando cada entrenamiento se convierte únicamente en un examen y el error deja de verse como una oportunidad para aprender, empezando a interpretarse como un fracaso. Cuando la autoestima depende exclusivamente del marcador o del resultado conseguido en la competición. En ese momento, el deporte deja de ser una experiencia de disfrute y crecimiento, para convertirse en una fuente constante de evaluación. Sostener esa sensación durante meses o años tiene un coste a nivel emocional y psicológico.
No siempre es falta de motivación
Con frecuencia, cuando se habla de deportistas, escuchamos frases como: “ha perdido la motivación” o “necesita volver a ilusionarse“. Sin embargo, la realidad suele ser bastante más compleja. En muchas ocasiones el problema no es que el/la deportista haya perdido las ganas de competir, sino que ha perdido el espacio para disfrutar. Probablemente, cuando esto ocurre es porque lleva demasiado tiempo conviviendo con la presión, sintiendo continuamente que tiene que demostrar algo, temiendo decepcionar a las personas de su entorno (staff, familiares, amistades, etc.) o incluso a sí mismo/a. Cuando todo esto está presente en el día a día del/de la deportista, disfrutar deja de ser sencillo.
El disfrute también necesita protección
Existe una idea muy extendida de que disfrutar aparece de manera espontánea porque a los/as deportistas les apasiona su deporte, pero no siempre es así. El disfrute también necesita cuidados y protección. Por ejemplo, se protege cuando el entorno permite que haya errores; cuando el/la entrenador/a entiende que el aprendizaje es un proceso que necesita tiempo; cuando no se convierte cada competición en un juicio; cuando el/la deportista es capaz de diferenciar los resultados de la competición de su valía o, incluso, de su identidad.
Paradójicamente, muchos/as deportistas llegan al alto rendimiento porque durante años disfrutaron profundamente de su deporte, de los entrenamientos y las competiciones. Sin embargo, conforme aumenta el nivel competitivo, ese disfrute puede ir desapareciendo si toda la atención se dirige únicamente hacia el rendimiento. Y es precisamente ahí donde la psicología deportiva adquiere un papel fundamental.
Recuperar el sentido
Recuperar el disfrute no significa bajar la exigencia, ni conformarse con un rendimiento más bajo. Recuperar el disfrute tiene que ver con conectar con aquello que hizo que un día mereciera la pena empezar. Con la curiosidad por aprender, el placer y satisfacción de mejorar, el orgullo de superar metas y objetivos, la sensación de pertenecer a un equipo. O con el simple hecho de jugar.
Porque, aunque a veces se nos olvida, competir al máximo nivel y disfrutar no son conceptos incompatibles. Es más, en muchas ocasiones, uno alimenta al otro.
Una pregunta que merece la pena hacerse
Quizá la reflexión más importante no sea si un/a deportista disfruta o no, sino que podríamos preguntarnos “qué estamos haciendo para que ese/a deportista pueda seguir disfrutando dentro de un contexto cada vez más exigente”. Tanto entrenadores/as, familias, clubes, federaciones, como por supuesto psicólogos/as, que compartimos esa responsabilidad con el resto de personas del contexto deportivo. Porque, como decíamos, el disfrute también se cuida y se protege con las acciones del día a día. Y es importante que nuestra mirada como profesionales también vaya en esta dirección. Porque, en muchos casos, cuando dejamos de disfrutar persiguiendo solamente el resultado y el rendimiento, es precisamente el rendimiento el que suele empezar a alejarse.

